Me instalé en el Monte y cesaron los cuidados:
ya no ocupan mi mente pensamientos vanos;
más libre que las rocas donde inscribo versos,
me doy, cual barco sin amarras, a los hados.

Hanshan

lunes, 20 de agosto de 2012

La herencia de la Tía Marcelina


Era enero de 1880 y hacia varios meses que no recibia carta de mi Tía Marcelina.  Ese día fui sorprendida por una carta esta vez de su abogado y sentí al tomarla en mis manos que no serian buenas noticias.  Subí inmediatamente a mi habitación para junto a la luz de una vela poder leer lo que quería comunicarme.

La tía había muerto o a esa conclusión llegaron después leer una carta dejada por ella donde dejaba escrita su ultima voluntad y de no haber encontrado su cuerpo, era una carta de despedida donde pedía que no perdieran su tiempo buscándola y fueran donde mi para así hacer lectura de su testamento.

Esa misma tarde fui donde su abogado y vi que también estaban allí otros familiares que habían recibido una carta igual a la mía.  Al terminar la lectura ella me nombraba su heredera universal de todas sus posesiones y como requisito para recibir la herencia debía pasar una semana en su mansión donde ella paso los últimos días de su vida.  La idea de abandonar mi hogar para ir sola a un lugar totalmente desconocido no me gustaba para nada, así que les pedí a mis cinco hermanas que me acompañaran a cambio que cuando recibiera la herencia a cada una le daría un cantidad de dinero y me dijeron que si inmediatamente.

A la noche ya estábamos llegando a la mansión la cual tenia un aspecto bastante terrorífico y al abrir la puerta de entrada sentí un escalofrío que recorría todo mi cuerpo como si algo estuviera allí esperando por mi para darme la bienvenida.  Respire hondo y entre, cada una de mis hermanas fue hasta las habitaciones escogiendo la que mas le gustaba.  Yo aun seguía en gran salón principal, había algo en el que me cautivaba y no sabia que era.  Hasta que escuche un grito y subí inmediatamente las escaleras, pero eran mis hermanas que al abrir el closet vieron todos los vestidos de la tia que comenzaron a repartirselos, yo solo escogí uno que siempre me había gustado y pensé que ya era el momento que fuera mio.

Así pasaron los días y comencé a notar que mis hermanas estaban desapareciendo, al principio pensé que habían partido en algún carruaje hasta que descubrir que no había salido ninguno desde el momento que habíamos llegado.  Cuando llego el sexto día ya yo estaba completamente sola, y fue cuando sentí un miedo terrible que recorría cada centímetro de mi cuerpo y deseos de huir de ese lugar.  Pero decidí que no abandonaría la casa faltando tan poco para cumplir el plazo de tiempo y recibir mi esperada herencia. 

Comencé a escuchar ruidos y a ver sombras por toda la casa pero desaparecían cuando me acercada a la luz de alguna vela, puse velas por toda la casa y dormí con una vela encendida que puse en la mesa de noche.  Pero al despertar a la mañana del próximo día esta se había gastado por completo y me levante rápidamente de mi cama en busca de una nueva vela para encenderla.  Fue cuando me di cuenta que ya las había gastado todas.  Comenzaron a escucharse nuevamente los ruidos de pasos que se acercaban a mi , voces que cada ve escuchaba mucho mas cerca, hablaban y se reían como si supieran que ya no tenia ninguna escapatoria.

Corrí hacia la puerta de entrada y trate de abrirla pero de nada sirvió mi esfuerzo y luego de varios intentos frustrados me rendí tirándome al suelo mientras mis lágrimas se deslizaban por mi mejilla.  Volví a sentir esas presencias detrás de mi y el miedo volvió a recorrer mi cuerpo, el miedo a lo que podrían hacerme.  Me arme de valentía y me levante volteando mi mirada hacia ellas.  Eran mis cinco hermanas junto a mi tía Marcelina cada una con una gran sonrisa en su rostro, en ese momento tome un papel y escribí esta historia que estas leyendo y luego extendí mi mano uniéndome a ellas.

2 comentarios:

Humberto Dib dijo...

Muy buena historia, de ésas que te transportan a otra época y a otros decorados, de ésas que a pesar de ser perturbadoras, enganchan.
Me gustó.
Un beso.
HD

yoquemebusco dijo...

Ah, me gustó también pero me gustaría leer más sobre cómo desaparecieron las hermanas...

¡salú!

Lucía